No me esperes a las doce en el juzgado; no me digas volvamos a empezar. Yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad. Yo no quiero saber por qué lo hiciste, yo no quiero contigo ni sin ti; Lo que yo quiero, muchacho de ojos tristes, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas, Y matarme contigo si te mueres, porque el amor, cuando no muere mata. Y porque amores que matan, nunca mueren.
10 de agosto de 2009
Te espero. Siempre te espero. Vos seguís con tu vida, y yo sigo esperándote. Y venís, es cierto, a veces venís. Porque vos podés venir cuando querés, yo, en cambio, sólo puedo estar para cuando vos vengas. No sé si te quiero, o si sólo quiero lo que quise, o si quiero no quererte, o si quiero no querer dejar de quererte y ya lo hice hace tiempo. Volvés y me provocás sentimientos únicos, de los cuales me cuesta desprenderme. Me hacen sufrir, pero de alguna manera también me dan vida, y no sé cómo hay que elegir. Creo que ya no sé quién sos, y me niego a aceptarlo. Y ya no sé quién soy cuando estoy con vos. Ojalá no hubieras vuelto, ojalá no así. Y sin embargo, ahora que estás, no puedo dejarte ir.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)