21 de abril de 2009


Lo que más me duele es que nunca tuve prioridad en tu vida. Tu felicidad era condición única para que yo estuviera bien. Siempre te tuve arriba como el religioso tiene a Dios. Pero yo nunca te interesé demasiado, si no, hubieses tenido más ganas de verme. Tal vez tantas como yo. Nunca tuve prioridad en tu vida, mientras que vos fuiste todo en la mía. Como novio, como hermano o como amigo, me duele verte, escribirte, o escucharte. Éste es el último email, espero sepas que no me adapté a tu filosofía de vida "light", cero obligaciones conmigo. No era eso lo que quería para nosotros.