26 de febrero de 2010

Suavecito me pusiste todo en su lugar, suavecito, como un juego para armar. Empezaste corrigiendo males al azar, como el barro, el alfarero, como brisa de aguacero, conquistaste... suavecito. Colocaste besos justamente en su lugar... suavecitos, medicina para curar las heridas que dejó el pasado sin sanar. Y en el caos del infierno instalaste tú gobierno, y arrasaste... suavecito.
Suavecito... fuiste casi imperceptible, sin prisas, de a poquito, colocaste tu bandera inamovible. Suavecito... fuiste tan demoledor. Pasito con pasito. Tu paciencia arrolladora me salvó... suavecito.
Suavecito fue ganando con saber perder, suavecito, sin afanes de poder. Con la calma que viene del tacto de mujer, como huella de gaviota, como se forma una gota, me atrapaste... suavecito.
Me aceptaste como un cero izquierdo y sin valor, me peleaste sin nada a tu favor. Con la suavidad que se mueve un rumor, como el paso de un anciano con paciencia de artesano;
me salvaste... suavecito.